9/03/08
Bien. Aquí me encuentro, tratando de escribir algo que tenga sentido... o quizás no. ¿Quién dice que es necesario? En realidad lo es, de lo contrario pueden pensar que estoy loca. Que irónico. Sólo por pensar las cosas de manera distinta, te etiquetan de una forma u otra. Me da exactamente lo mismo.
Hace tiempo quería escribir dejando plasmada sinceridad pura, lo que venga a la mente en estos momentos de ocio extremo, cuando estoy conectada y nadie me habla, por ejemplo.
Tantas veces he pensado en escribir un libro... pero me aburro de contar siempre lo mismo. No soy divertida de leer, como otras personas que he descubierto en el camino. Amo leer a la gente y reírme, recordar, sentir con sus palabras... yo creo que no tienen idea que uno reacciona de esa manera ante sus relatos más íntimos... ¿o si?
Mastico un chicle de menta que en realidad ya ni sabor tiene, debería botarlo, pero estoy tan cómoda que no me quiero parar, aunque sabe asqueroso... pero no importa. La flojera es más fuerte, como siempre.
Escucho relajadamente el sonido de mi notebook del año de la cocoa (¿y cual es ese?) entre las canciones de Rachel Yamagata, con unos audífonos malísimos que compre en un viaje fugaz por Villarica. Me costaron $1200. No le puedo pedir más a la tecnología barata. Y lo más divertido es que después, llegando a Temuco me compré otros, más caros pensando que serían mejores. Error, gran error. Es obvio que las apariencias engañan ¿verdad?
Una vez alguien me dijo: es inevitable ser superficiales, juzgar al que pasa a tu lado, porque todo “entra por la vista”. Frase tan estúpida, pero lamentablemente, cierta en muchos casos. Sería divertido (o no) tener unos lentes especiales para poder ver más allá de una cara o un cuerpo perfecto, socialmente aceptado, y ver el alma. Mirar a los ojos y que sea ese el único momento que perdure. Son pequeños los momentos, y mínimas las excepciones en que esto si ocurre, y uno se enamora más que de unos labios bonitos, unos ojos hermosos y un cuerpo esbelto. Se enamora de esa esencia indescriptible que captas de manera extraña y no sabes como ni cuando, el bichito del amor se apodero de tu sistema inmunológico.
¡Ay! ¿Se imaginan caminar por la vida con unos lentes así? Si alguien los inventa, me avisa y los compro, no para usarlos, si no para regalárselos a alguien más, que lo necesite aunque no tenga idea.
De a poco he aprendido (aún no termino de hacerlo…) a no esperar mucho de la vida, en el buen sentido de la palabra. ¿A que me refiero entonces? Tan simple como entender el dicho aquel “Carpe Diem” e intentar hacer de este, un modelo de vida. Y cuesta, no se imaginan cuánto. Sobre todo para una persona como yo que le encanta planificar las cosas, le encanta pensar en ese “mañana” que en realidad no existe (ya son incontables las veces que he dicho esto, pero lo digo una más a ver si me funciona). Planes que no diré en detalle, pero quienes me conocen saben cuáles son, o mejor dicho, cuáles eran... aunque aún queda una parte que los anhela, aún sabiendo que no debería.
Y los que no saben, tienen tiempo para conocer a esta complicada y sencilla mujer que, si tiene un poco de éxito, los ha cautivado hasta el punto final de este texto.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario