sábado, 9 de mayo de 2009

Jesús, mi Amigo



Me encanta esta imagen.
Cuando la veo, imagino a Jesús mi amigo, el mejor de todos.
Que me acompaña en el camino, se sienta conmigo en una banquita y nos ponemos a conversar.
Me recuerda al otoño... cuando caminando piso las hojitas de color café que en algún momento fueron verdes y ahora han abandonado la seguridad desde lo alto.
Y ahí estamos, conversando. Y me mira con esos ojos tan pero tan dulces! Se le hacen arrugas al rededor de los ojos cada vez que sonríe... me encanta con esa mirada y me pierdo.
Se me olvidan mis problemas, que en realidad ni son tan grandes. Me olvido de las tristezas, que en realidad no deberían ni de existir.
Todo se me olvida cuando estamos cara a cara... todo, excepto su Amor.
Con El puedo llorar, puedo reir a carcajadas... y siempre va a entender lo que habita en mi corazón, pues El vive allí.
A veces ni siquiera tengo que decirle las cosas, porque las reconoce facilmente en mi.
Siento Su compañía cuando voy caminando... siento cuando está a mi lado y me protege de la oscuridad y del frío espiritual.
Ojalá todos pudieran conversar con El de esa manera... o como quisieran en realidad.
Me fascina ser de El. Me inquieta de maneras increibles. Y ahora está aquí, siempre, al ladito mío...


Jechu.-

(...)


Es una sensación en el tiempo, un poco añeja, jamás olvidada.
Es un sentimiento frecuente e improbable, imaginé algún día.
Es que no es miedo, no temo... no me atrevo. Sí, eso puede ser.
Una ilusión para mi.


Jechu.-

lunes, 4 de mayo de 2009

Una pequeña historia...


"¡Eres tan insoportable! Aún cuando no te lo propones" - me gritó con los ojos tan abiertos y dispuestos.
"Sí, lo sé" - respondí de manera tranquila, casi sin reconocerme en esos momentos.
Me reí... me reí a carcajadas de lo ridículos que podemos ser en momentos de tensión.
Yo lo observaba y decía para mis adentros "Pregúntale qué le pasa, aunque te responda nada".
No es que me incomode el silencio, de hecho, es la excepción a todas mis reglas. Es el único silencio que me deja tranquila y no me reprime en absoluto.

"Eres tan divertido, aún cuando no te lo propones" - le dije mirando a los ojos.
Y con ternura me devolvió una sonrisa pequeña, con uno ojo más pequeño que el otro, y conteniendo una lágrima.
"Qué voy a hacer contigo..." - dijo sin que sonara como una pregunta, sino como una resignación.
¡Ay! Si supiera te daría la receta, pero es que no tengo idea, amigo mío.



Lo extrañaba...
Jechu.-