Desperté un día Jueves 3 de abril con frío. Un día como cualquier otro, pero distinto al mismo tiempo.
Abrí los ojos, no quería levantarme. Era demasiado el sueño.
Logré controlar a mi cuerpo para que saliera de su refugio entre sábanas tan rosadas y comencé la rutina de todas las mañanas.
Ese día no tomé desayuno, pero llevé una leche cultivada de vainilla que resultó tener un sabor asqueroso.
Y estaba a las 8:00 de la mañana en punto, en el Hospital, 1er piso, esperando a las Enfermeras encargadas, y con cara de sueño me presenté. Nos distribuimos con mis compañeros entre los distintos lugares donde estaríamos.
Eran las 9:51 y sentí que mi celular vibraba. Estaba con mi amiga Kathy, mirando como un paciente realizaba su test de esfuerzo.
“Papi” leí en la pantalla del celular.
Por un momento pasó en mi cabeza cortarle, pues estaba
“Aló Papá?”. En la línea escuché su voz que decía “no contesta”-
“Aló?” dije de nuevo.
“Ven al departamento, tu Tata se fue, se fue…”.
“¿Que?! ¿Mi Tata?!”
Mi cara debió haberse desfigurado un poco y expresó todo lo que sentía. Mi amiga me vio y me preguntó que pasaba.
Le dije a mi Papá que me iba altiro, mientras colgaba y trataba de entender.
“Me tengo que ir, me tengo que ir, mi Tata se fue, murió”.
Y
Mi amiga me llevó a la sala de al lado y me ofrecieron agua. No quería, pero tomé igual. No podía respirar. Mi cuerpo tiritaba, me costaba mantenerme en pie. “Me tengo que ir”.
Y salí caminando rápido, con la cabeza agachada, llorando. No quería que la gente me viera.
Al fin salí del Hospital y comencé a correr. Mis pies sabían el camino y yo sólo corría… sola.
No podía respirar, pero seguía corriendo. Llegué a la puerta del edificio y vi a mi madrina y una tía que venían llegando. Amigas y colegas de mi mamá que trabajan con ella en la clínica.
Abracé a mi madrina y lloré fuerte. “Mi Tata, mi Tata…”. Fue el primer contacto con un conocido. Me abrazó y me llevó hacia el ascensor. Vi a un conserje pero no recuerdo quien era. En el ascensor nos encontramos con un amigo de la familia pero yo seguía abrazada de mi tía.
Llegamos al tercer piso, toqué la puerta. No recuerdo quien abrió. Vi a mi tía Jacky, a mi Papá… a mi Mamá? A mi tía Gloria? No recuerdo…
Abracé a
Llegué a la puerta y lo vi desde ahí. Estaba solo, acostado en la cama, con sus manos cruzadas y una gasa que envolvía su cara, para mantener su boca cerrada. Fue lo primero que hizo mi Abuela (me contó la Gloria después).
Y no quería entrar; pasaron unos segundos y entonces, entré.
Me arrodillé a su lado y ahí me quedé. 1 hora. Besándolo, tocándolo, sintiendo su aroma, llorando…
Y no solté su pera. Como que me bloqueé y era lo único que me interesaba. Sólo quería que tuviera su boquita cerrada.
Y así me quedé 1 hora, observándolo. Me ofrecían cosas pero yo no quería nada.
Puse una almohada en el suelo para estar un poco más cómoda y me pegué en la rodilla izquierda. Pero no sentí nada. Nada…
Seguía sosteniendo su perita. Estaba bloqueada y era lo único que hacía, y lloraba y lo miraba… y le hablaba.
Cuando llegué a su lado, lo primero que hice fue hacer la señal de la cruz en su frente y pedirle a Diosito que perdonara todos sus pecados. Sé que así lo hizo…
Y seguía a su lado. Yo preguntaba cómo pasó todo. Murió durmiendo.
Pensé: Gracias Señor, porque no siguió sufriendo. Te lo llevaste en sueños, sin más dolor.
Cuando levantaba la vista, veía gente que lo venía a despedir. Tías, su hermano, mi Abuela, mis hermanos, mis primas. Pero yo no me movía de donde estaba. Tampoco me lo exigieron, pero después de una hora, llegó la gente encargada de la funeraria. Se lo iban a llevar.
Me separaron de su cuerpo, pero yo no quería y decía: “¿Pero quién va a sostener su boquita? Nadie va a cuidarlo!”-
Tranquila Jesús, escuché que me decía mi Papá. Con su voz un poco más fuerte cada vez que yo repetía lo mismo.
Lo llevaron en su sábana que tenía en la cama y yo no quería. “Lo van a botar, se les va a caer!” me puse a gritar.
Pero me decían “Tranquila, si nada va a pasar, ellos saben lo que hacen”. Me quedé un momento en la pieza, sola, llorando. Estaba bloqueada. No sabía que más hacer.
Salí de la pieza y vi que había un ataúd en la entrada, y mi Tata estaba dentro. Yo seguía llorando y decía “Cuidado, cuidado!”
Me despedí una vez más, lo besé. Estaba calentito aún. Si parecía como si estuviese durmiendo.
Tenía su ojito izquierdo morado porque el martes de esa semana se había caído de la cama.
No lo había visto hace más de una semana… me arrepentí de no pasar a verlo el día anterior, después de que le hicieron una pequeña operación ambulatoria donde le amputaron unos deditos de su pie.
Pero me consolé con su recuerdo y con saber que lo disfruté toda mi vida.
Y así se lo llevaron. Lo bajaron con mucho cuidado por la escalera, y en la entrada del edificio había gente y miraba…
Lo llevaron afuera y lo pusieron en el auto de la funeraria. Eran ya aproximadamente las 11:30 de la mañana y recordé que tenía mis cosas en el casillero de la universidad; así que le pedí a mi tía Gloria que me acompañara, para después irnos a
Por suerte no me encontré con nadie. No tenía la fuerza para explicar mis ojos hinchados y mi cara de tristeza.
Mi tía me esperó y nos fuimos a buscar el auto. No hablaba ni decía nada.
Llegamos a
Fue tan raro estar ahí, verlo en su ataúd.
Se boquita había quedado abierta, así que mi Papá junto a un Tío lo arreglaron y sostuvieron su pera con una venda.
No recuerdo más detalles de ese momento. Sólo que pedí una radio para ponerle sus Tangos tan queridos. Y así fue su velorio, los 2 días.
Entre tangos y flores blancas, en su mayoría. A todos les sorprendía la música, lo encontraban raro pero les gustaba.
Llegó lentamente la noche del Jueves y ya estaba mucho más tranquila pero me sentía vacía y muy cansada.
Llegué a la casa y me dormí enseguida en la cama de mis papás. Ellos andaban en el departamento con la familia que había venido de otras partes.
Ese mismo día a la hora de almuerzo, mi Mamá me mandó a la casa para comer algo y cambiarme de ropa pues aún estaba con mi uniforme de práctica clínica.
Llegó el viernes en la mañana y sola, desperté temprano. Sentía mis ojos tan hinchados… y lo estaban. Me fui a acostar con mi Mamá y luego nos arreglamos y vestimos porque a las 9:30 debíamos estar en
Quería ver y tocar una vez más a mi Tata.
Yo sabía que ese era sólo su cuerpo, que su espíritu ya estaba feliz junto a Dios en el cielo… pero igual lo necesitaba.
Llegamos y lo vimos. Seguía igual, dormido, como sonriendo incluso.
Tan bonito… pero estaba frío. Muy frío. Pero igual que ayer.
Lo observé y lo toqué por última vez y lo sellaron para siempre. Ya era casi definitivo.
Llevamos todas las flores a
Ahí me quedé con él, mirándolo y rezándole al Señor.
Venía gente a verlo, a abrazar y decir lo mucho que lo sentían… así pasa la mañana.
Mi Mamá nos mandó a almorzar de nuevo con mis hermanos, pero yo quise volver de inmediato. A las 15:30 sería
Llegó la hora y yo estaba afuera; había estado bien, relativamente bien y tranquila. Pero en ese momento comencé a tiritar, me dolía el estómago, estaba nerviosa. No quería entrar a
Me repuse como pude y entré. Me fui a sentar adelante con mi familia.
Y luego de
Alguien me abrazó y me llevó para que me sentara, pero no podía parar.
Mi tía Gloria me abrazó y cuando tomaron el ataúd y comenzaron a caminar con el para subir al auto y llevarlo al cementerio… colapsé.
De nuevo no podía respirar, no podía para de llorar. De fondo escuchaba a mi amiga Belén y al Ariel que se hicieron cargo del coro durante la misa, cantando esa canción que tanto le gustaba a mi Tata y ellos no tenían idea… “Mi Querido Viejo”.
Alguien me abrazó: fue mi tía Bernardita, y me decía que llorara. Sentí que se acercaba gente a mí alrededor, me tocaban pero no sabía quiénes eran.
La tía Sonia, mamá del Ariel me ofreció un vaso de agua… recuerdo que estaba tibia. Me la tomé y sí, me calmó un poco.
Alguien me vino a buscar y me llevaba abrazada. Era el Cristian, primo de mi Mamá y mis tías. Me llevaba abrazada, saliendo de
Había tanta gente… pero yo me sentía vacía, no sabía nada.
Me preguntó si estaba segura de querer ir al cementerio. Dije que si. Obvio. De lo contrario me arrepentiría toda mi vida.
El Eugenio me llevó al auto y me senté adelante. En el asiento de atrás iba el Natalio y alguien más que no recuerdo… y
Veía a algunas amigas que me hacían señas. Trataba de sonreír para agradecer toda su preocupación.
Seguía sollozando y el auto partió rumbo al cementerio. No decía nada.
Pero ya estaba un poco mejor. Siempre supe que ese sería el peor momento, cuando lo sacaran de
Me bajé y nuevamente el Cristian me abrazó y me guió hacia la entrada. Llegó el Ariel y me dejaron con el. Se quedó conmigo en cada momento, y me llevaba hacia donde tenía que ir.
Saqué de mi bolso el poema que le escribí a mi Tata el día anterior para que el Natalio se lo leyera, porque yo no sería capaz. Pero me dijo que el tampoco podría; así que se lo pedí al Ariel y el me dijo que si, sin vacilar. “Gracias” le dije…
Llegamos hasta donde estaban todas las flores, sillas y el ataúd ya cerrado. Estaba sonando un Tango… para mi Tata.
Me quedé adelante en una esquina, con el Natalio y con Ariel. También estaban la Gloria, mi Papá, el Eugenio.
Y alguien habló.
Un tío leyó una carta.
Luego pasé yo y traté de explicar que había escrito un poema, que no era capaz de leerlo pero que mi mejor amigo Ariel, lo haría.
Y comenzó a leerlo. Yo me quedé ahí al lado… mientras escuchaba, sin mirar a nadie con los ojos cerrados. Sólo sentía las palabras que había creado para mi Tatita.
Me acerqué al micrófono, ya me sentía un poco más fuerte y leí la última parte. Creí poder hacerlo, pero volví a emocionarme, aunque de todas maneras pude terminar de leer, con un “tu Princesita para siempre, María Jesús”.
Volví a mi lugar, después de un silencio absoluto. Me sentía débil nuevamente pero tenía a mi amigo que sostenía mi cuerpo…
Mi Papá dijo algunas palabras, entre el intento de luchar contra sus lágrimas.
Y comenzaron a bajar el ataúd. Seguí llorando, esta vez más silenciosa y callada…
Y ahí me quedé esperando.
La gente se iba. Y me quedé sentada un rato. Mis amigas se fueron a despedir y les día las gracias.
Otras personas se acercaron para decir que les había gustado mucho el poema, que era muy bonito. Yo decía “Gracias, era para mi Tata…”-
Esperé un momento, sentada…. Mirando las flores. Había tantas flores…
Estaba con una amiga,
Me reí un poco y me llevé algunas flores, porque las estoy secando ahora para tenerlas por siempre.
Mientras las sacaba pensaba que a mi Tata no le importaría porque no estaba ni ahí con las flores jajaja!
Y así terminó el día… nos fuimos al departamento de mis Tatas para estar con la gente y la familia que había venido por el funeral.
Fue raro llegar y saber que mi Tata no estaría ahí. Llegar y recordar todo lo que había pasado hace tan poco.
Estaba cansada… y me fui a acostar un ratito a su cama. Aún tenía su olor… y así me quedé más tranquila.
Así fueron esos dos días. Ya estoy mejor.
Pensé que me costaría más volver a subir al mundo real, porque sentí que ese fin de semana el mundo se detuvo… pasaba todo tan lento.
Pero ahora estoy mejor. Sé que mi Tata está feliz, caminando en el cielo, mirándonos, orgulloso de todos nosotros porque lo amamos tanto…