De la manera más dulce te ofrezco mis ojos cuando miran los tuyos y observan esas lágrimas tan amargas y calladas.
Te ofrezco mis manos para acariciar tus angustias, tristezas y desilusiones,
Para intentar sanar ese espíritu que han dañado fuerte esta vez.
De la manera más sincera te ofrezco mi alma, que adivina mágicamente la tristeza de tu corazón, que veo reflejada en tus ojos tan oscuros.
Me inquieta esta maldad, esta piedra tan grande en tu camino hacia lo divino.
Cómo puede llegar tan alto, algo tan bajo y maligno.
Mi cómplice, te ofrezco mi abrazo verdadero y cargado de amor,
Para que descanses tus dudas, tus respuestas y preguntas.
Ahora tú me necesitas y yo estoy dispuesta a cargar con tu cuerpo herido, que sangra con el filo de aquellas, sus palabras.
Que este amor sane las llagas que dejan marcas en tu piel,
Que el Señor inunde mi esencia para ser instrumento de su paz y amor, y tener el gesto exacto y la palabra adecuada.
Que de Su nombre, revivas de las cenizas, como aquel ave que tanto te identifica y admiras.
Porque el caballero aún tiene su armadura, forjada con el amor del más grande y que jamás nadie podrá destruir; ni en esta vida, ni en el próximo suspiro del alma.
Escrito el 24 de noviembre 2007
Jechu.-
