Siento muchas cosas pero pocas al mismo tiempo y ni siquiera sé cómo empezar. O como decir lo que de verdad pienso sin dañar o hacer sentir mal a la otra persona. Porque mi boca es un arma de doble filo. Una espada que cuando lo quiere corta en lo más profundo y hasta disfruta ese corte y ver como sangra la herida. Que miedo sentir eso, incluso escribirlo, como que se hace más verdadero versus sólo un pensamiento.
No quiero detenerme a leer lo que escribo. Pretendo seguir y continuar hasta que mi mente quede un poco más liviana de tanto pensamiento que ha estado acechando mi cabeza hace tanto tiempo. Y es que me siento súper reprimida, pero no por terceras personas sino que por mí misma. Puedo llegar a ser mi peor enemiga, eso ya lo he comprobado. Coarto mis propios sentimientos. El miedo me paraliza… es más fácil sentir miedo porque te mantiene en una zona “segura” por muy contradictorio que pueda sonar y obliga a mantenerte casi inmóvil, inescrutable, viendo cómo todo pasa a tu lado. Ese miedo que te mantiene en la oscuridad y en teoría sabes cómo escapar pero en la práctica no lo haces ¿Por qué es más cómodo? No sé, pero si lo escribo debe ser que lo pienso.
Haciendo lo que estoy haciendo nunca voy a encontrar respuestas porque estoy luchando sola, no me estoy aferrando al amor de Dios, porque si lo hiciera quizás no fuese más fácil pero estoy segura que durante esa lucha me sentiría completamente protegida aunque a momentos sangren las heridas, nuevas o antiguas.
Pero El me contendría con ternura. Y yo me sentiría a salvo. ¿Entonces por qué no lo hago? Por qué no entro a la pelea con el mejor aliado…
¿Será orgullo, cobardía, miedo? Miedo a qué por Dios! Esto me agota… yo misma me agoto. Tengo que sentirme plena de tal manera para ser tratada de buena forma, como cada persona lo merece, con amor, con cariño y respeto. Pero si no profeso esas cosas por mi misma… cómo lo hará el resto?. Pienso que gran porcentaje del cambio que tiene que venir en mi vida y que hace rato se viene anunciando, depende total y completamente de mí. Sé que no puedo esperar que venga un caballero medieval con armadura brillante que me tome en sus brazos, me contenga y luche contra mis demonios porque eso es lo que pasa precisamente. Son MIS demonios, y de nadie más. Son mis “peros”, mis “piedra en el camino”. Camino a qué… a la felicidad? A la tranquilidad conmigo misma? Eso falta, depender de uno mismo, pero con tal equilibrio para no ser engreída u orgullosa. Y yo sé quien da ese equilibrio… Dios.
No me quiero preguntar más el por qué de las cosas, ni si quiera los para qué. Quiero seguir adelante, pasarlas por encima y superarlas. O en su defecto, pasar por un lado. Y cuando sea el momento, enfrentarlas.
Pero que me falta para hacer esto, Dios…
Necesito concretar todas mis fuerzas y amor propio en sanarme, en usar lo mejor de mí para alejar todo lo que está creando una sombra en mi alma que a veces no me deja ver las cosas lindas y buenas que me rodean,
Porque puedo usar el mejor maquillaje, puedo pintar mis ojos, arreglar mi pelo… pero mi mirada va a seguir gris, fría como el invierno.
Quiero luchar. Quiero ganar esta pelea, poder levantar mis brazos y gritar orgullosa la maravilla de ganarle a tanta maldad… pero tiene que ser de la mano del mas grande, si no esto no va a resultar.
Y todo es un freakin’ proceso, de esos largos al parecer. Lo que más tengo es tiempo y lo que más me falta es paciencia. No es muy buena esa combinación al parecer.
Esta vida, que es una sola y un hermoso regalo de Dios, no tiene por qué ser mala si uno mismo se propone lo contrario. Va en uno ser la mejor versión de uno mismo.
No pretendo cambiar mi futuro, o que este cambio surja de un día para otro.
Mi vida ya está escrita por las manos de Dios. Sólo pido entereza y humildad para aceptar lo bueno y lo malo, los triunfos y también las batallas y sus derrotas.
Necesito respuestas, pero temo hacer las preguntas... creo que encontré mi conclusión por el momento. Miedo.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario