Tiempo.
Tiempo y no escribo nada.
Tiempo y pasan las horas, los minutos, los segundos... ¿existen los nanosegundos?
Bueno, si existieran, también pasarían.
Es que me encuentro una vez más un poco escondida entre mis sueños, que significan cosas pero que no recuerdo.
Me refugio en silencio. Es como si gritara, pero con voz ahogada.
Me consume un espacio físico llamado ¿hogar?, o casa, o cuatro paredes más puertas y ventanas.
Me nubla los días que están soleados para el mundo entero, y tiñe con manchas negras el colorido de mis ojos.
Y sigo gritando, pero en mi silencio.
Quizás nadie lo encuentre extraño o incluso inusual, y lo pase por alto. La historia de mi vida.
En mi vida.
Soy una cereza, que cayó lejos de su árbol y fue a parar a los pies de un manzano.
Las cerezas son rosadas y pequeñas, frágiles, dulces, cariñosas.
Las manzanas son grandes, toscas, de color rojo y pesadas.
Que comparación más dulce y rídicula, pienso, pero yo la entiendo. Espero que otra persona también lo haga.
Caí tan lejos de mi árbol de sabiduría, de verdad, de amor, de cariño, de sonrisas. Y fui creciendo, mas no me adapté a la mayoría.
¡Gracias a Dios!, exclamo.
Quiero plantar un nuevo árbol. Quiero cosechar mis frutos y hacerlos madurar de la manera más dulce y llena de amor.
No quiero cometer los mismos errores, no pretendo esconderme en el pasado. Todo mejorará cuando encuentre esa tierra fértil para sembrar aquella semilla.
Y ruego a Dios todos los días para que esta vez los frutos no caigan tan lejos de su árbol de sabiduría.
Jechu.
1 comentario:
Amé ;)
V.
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